Los romanos heredan
técnicas hidráulicas sumerias, como es el caso del empleo de canales, griegas
(la presencia constatada de sifones), y etruscas, es el caso de la desecación
de ciénagas. Los 11 acueductos computados en Roma perfeccionan estos sistemas y
generan complejas obras de ingeniería que incluyen elementos y técnicas
variados que les permiten tener un nivel y una presión constantes del agua.
Detalle de la fábrica mixta del acueducto moderno.Dos
inconvenientes principales habían de superarse con este tipo de obras, de un
lado la topografía, buscando evitar fuertes pendientes que arruinasen la
conducción hidráulica (pues esta iba cerrada por bóvedas o sellada con lastras
de piedra) o, por el contrario, eludir los espacios amesetados para evitar
estancamientos. El otro problema deriva del antes citado: para adaptar los
gradientes de la conducción al terreno era preciso en muchas ocasiones
sobreelevar la conducción o practicar profundas trincheras en el terreno para
enterrarla, esta adaptación requería la búsqueda de orografías óptimas, por ello
las distancias entre el lugar de captación y el de distribución eran en
ocasiones considerables (como ejemplos recuerdo los 132 kilómetros que tuvo la
conducción hidráulica de Cartago o los 91 de la traída llamada Aqua Marcia, en
Roma).
No es el caso
del trío de conducciones emeritenses: Proserpina, Aqua Augusta (Cornalvo) y
Rabo de Buey. La más larga era la procedente de Cornalvo, que recogía a la vez
las aguas subálveas de diversos arroyos (18 kms.) y la menor, que es la que hoy
describimos de las Tomas-Rabo de Buey-San Lázaro, tenía una longitud que no
llegaba a los tres kilómetros. La exigua longitud de las conducciones
hidráulicas emeritenses atestiguan la oportunidad en la elección del lugar para
construir la ciudad, con múltiples captaciones de aguas en las cercanías. Una
Colonia, la emeritense, que podía consumir aproximadamente a diario de entre 16
a 20.000 m3 de agua, en un caudal calculado por la pendiente de las
conducciones y la sección de sus canales.
Detalle de la arcada baja inferior donde se aprecia su
característico almohadillado en los sillares.Descritas y admiradas desde la
Edad Media (Al-Idrisí), La Edad Moderna (Gaspar Barreiros, Ceán Bermúdez,
Campomanes, Moreno de Vargas, Ceán Bermúdez), en el siglo XIX (José de Viu o
Fernández y Pérez) y en el pasado siglo por insignes ingenieros como Raúl
Celestino o Fernández Casado, junto a los puentes y la muralla fueron, sin
duda, las obras de la ciudad que más impacto provocaron entre quienes a Emérita
Augusta se acercaban por vez primera. La conducción hidráulica de las
Tomas-Rabo de Buey tenía su origen en diversos manantíos ubicados al Norte de
Mérida, cerca de la actual Carretera Nacional-630 y discurriendo paralela a la
Vía de la Plata por espacio de 600 metros, cruzándose bajo ella y derivando
hacia el sector sudoriental de la ciudad. Se trata de una conducción que, en
buena parte de su recorrido, se encuentra semienterrada, en otras ocasiones
sobreelevada, salvando alguna vaguada por medio de una sencilla arcada
(arcuatio). En todo caso siempre va cubierta con bóveda de mampostería para
evitar la contaminación del líquido. Este modelo es el que Vitruvio define como
canalis structulis. En este caso es un caja de sillares sobre la que asienta el
propio canal (specus). A tramos regulares el canal cuenta con accesos cerrados
por sillares (spiramina), que permitían la periódica limpieza y reparación del
canal. Hoy esas reparaciones no se llevan a efecto Conducción hidráulica de
Rabo de Buey.y el canal, que aún porta generosos caudales, rezuma en algunos
tramos hasta casi estallar (así en los aledaños del
Polideportivo de la antigua U.V.A de La Paz). Antes de
llegar la conducción al valle del río Barraecca (hoy Albarregas), esta contaba
con un desarenador, piscina donde se decantaban las impurezas que el agua
pudiera portar. El canal salvaba el citado valle del Albarregas suspendido
sobre un sólido acueducto popularmente conocido como de San Lázaro (ya que a su
sombra antaño se alzó una ermita bajo la advocación a este Santo). De este acueducto
sólo nos restan tres pilares y dos arcos, suficientes para apreciar la
excelente calidad de la fábrica, que serviría de puerta monumental para todos
aquellos viandantes que penetraran por la ciudad desde la calzada que llevaba a
Toledo, suficientemente impresionados ya por la cercana presencia de grandes
mausoleos funerarios o la portada del vecino circo.
Detalle de la conducción hidráulica. Se aprecia claramente
el muro de hormigón de asiento, la caja
del canal y la bóveda de cierre.Lo poco que nos resta de este acueducto es
suficiente como para darnos una idea fiel de la magnificencia y estética en la
combinación y tratamiento de materiales constructivos que en él se dispusieron.
Así el primer cuerpo es de sillería a hueso, con
almohadillado muy pronunciado en las aristas que provoca un fuerte contraste de
claroscuros, formando arcos rebajados sobre pilares rectangulares (a semejanza
de una gran puerta monumental). Este dato es fundamental para dar a la
conducción una cronología augustea, junto a la de Cornalvo, siendo la de
Proserpina algo posterior. El segundo cuerpo de planta cruciforme alterna
hiladas de ladrillos y sillares, paramento de jugosos contrastes cromáticos que
ocultan el burdo núcleo de mortero. Los pilares del segundo cuerpo soportan
arcos de medio punto de ladrillo sobre los que apoya una cornisa de sillería
encima de la cual discurría el canal de la conducción hidráulica.
Resulta paradójico que fuera la construcción de una ermita y
posteriormente la erección de un nuevo acueducto en el siglo XV los que
motivaran la ruina de esta singular obra de ingeniería. El acueducto moderno se
conserva casi en su totalidad, achaparrado y macizo (los arquillos que presenta
apenas aligeran la monótona masa de la fábrica). Portaba el agua encañada en
varias alturas dentro de tuberías de cerámica que terminaron reventando por
disminución de su sección causada por el sarro y el consiguiente aumento de
presión del caudal.
Como todas las
ruinas existentes en Mérida, sus reflejos, aunque desdibujados y parciales,
permiten que la imaginación no divague y se nos presente la realidad de esta
Colonia romana
tal y como fue: eminentemente práctica pero sin renunciar en
momento alguno a la monumentalidad...que esa y no otra era la manera de hacer
patria para los romanos.
José Luis Mosquera Müler. Cronista Oficial de la Ciudad de Mérida. Jefe de Sección de Archivos, Bibliotecas y Documentación de la Consejería de Agricultura y Medio Ambiente
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Acceso a la conducción |
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Acceso y respiradero al fondo |
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Adrián el pequeño explorador. |
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Acceso |
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Foto tomada con la cámara colgada con encuadre fortuito. |
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Al fondo la conducción, transversal |
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Conducción de Rabo de Buey |
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Escaleras de salida. |
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Acueducto de San Lázaro, salvando el valle del Albarregas. |
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Ojos del Acueducto |