lunes, 26 de agosto de 2013

Los caminos del agua de la Mérida Romana. RABO DE BUEY

  Los romanos heredan técnicas hidráulicas sumerias, como es el caso del empleo de canales, griegas (la presencia constatada de sifones), y etruscas, es el caso de la desecación de ciénagas. Los 11 acueductos computados en Roma perfeccionan estos sistemas y generan complejas obras de ingeniería que incluyen elementos y técnicas variados que les permiten tener un nivel y una presión constantes del agua.

Detalle de la fábrica mixta del acueducto moderno.Dos inconvenientes principales habían de superarse con este tipo de obras, de un lado la topografía, buscando evitar fuertes pendientes que arruinasen la conducción hidráulica (pues esta iba cerrada por bóvedas o sellada con lastras de piedra) o, por el contrario, eludir los espacios amesetados para evitar estancamientos. El otro problema deriva del antes citado: para adaptar los gradientes de la conducción al terreno era preciso en muchas ocasiones sobreelevar la conducción o practicar profundas trincheras en el terreno para enterrarla, esta adaptación requería la búsqueda de orografías óptimas, por ello las distancias entre el lugar de captación y el de distribución eran en ocasiones considerables (como ejemplos recuerdo los 132 kilómetros que tuvo la conducción hidráulica de Cartago o los 91 de la traída llamada Aqua Marcia, en Roma).

        No es el caso del trío de conducciones emeritenses: Proserpina, Aqua Augusta (Cornalvo) y Rabo de Buey. La más larga era la procedente de Cornalvo, que recogía a la vez las aguas subálveas de diversos arroyos (18 kms.) y la menor, que es la que hoy describimos de las Tomas-Rabo de Buey-San Lázaro, tenía una longitud que no llegaba a los tres kilómetros. La exigua longitud de las conducciones hidráulicas emeritenses atestiguan la oportunidad en la elección del lugar para construir la ciudad, con múltiples captaciones de aguas en las cercanías. Una Colonia, la emeritense, que podía consumir aproximadamente a diario de entre 16 a 20.000 m3 de agua, en un caudal calculado por la pendiente de las conducciones y la sección de sus canales.

Detalle de la arcada baja inferior donde se aprecia su característico almohadillado en los sillares.Descritas y admiradas desde la Edad Media (Al-Idrisí), La Edad Moderna (Gaspar Barreiros, Ceán Bermúdez, Campomanes, Moreno de Vargas, Ceán Bermúdez), en el siglo XIX (José de Viu o Fernández y Pérez) y en el pasado siglo por insignes ingenieros como Raúl Celestino o Fernández Casado, junto a los puentes y la muralla fueron, sin duda, las obras de la ciudad que más impacto provocaron entre quienes a Emérita Augusta se acercaban por vez primera. La conducción hidráulica de las Tomas-Rabo de Buey tenía su origen en diversos manantíos ubicados al Norte de Mérida, cerca de la actual Carretera Nacional-630 y discurriendo paralela a la Vía de la Plata por espacio de 600 metros, cruzándose bajo ella y derivando hacia el sector sudoriental de la ciudad. Se trata de una conducción que, en buena parte de su recorrido, se encuentra semienterrada, en otras ocasiones sobreelevada, salvando alguna vaguada por medio de una sencilla arcada (arcuatio). En todo caso siempre va cubierta con bóveda de mampostería para evitar la contaminación del líquido. Este modelo es el que Vitruvio define como canalis structulis. En este caso es un caja de sillares sobre la que asienta el propio canal (specus). A tramos regulares el canal cuenta con accesos cerrados por sillares (spiramina), que permitían la periódica limpieza y reparación del canal. Hoy esas reparaciones no se llevan a efecto Conducción hidráulica de Rabo de Buey.y el canal, que aún porta generosos caudales, rezuma en algunos tramos hasta casi estallar (así en los aledaños del
Polideportivo de la antigua U.V.A de La Paz). Antes de llegar la conducción al valle del río Barraecca (hoy Albarregas), esta contaba con un desarenador, piscina donde se decantaban las impurezas que el agua pudiera portar. El canal salvaba el citado valle del Albarregas suspendido sobre un sólido acueducto popularmente conocido como de San Lázaro (ya que a su sombra antaño se alzó una ermita bajo la advocación a este Santo). De este acueducto sólo nos restan tres pilares y dos arcos, suficientes para apreciar la excelente calidad de la fábrica, que serviría de puerta monumental para todos aquellos viandantes que penetraran por la ciudad desde la calzada que llevaba a Toledo, suficientemente impresionados ya por la cercana presencia de grandes mausoleos funerarios o la portada del vecino circo.

Detalle de la conducción hidráulica. Se aprecia claramente el  muro de hormigón de asiento, la caja del canal y la bóveda de cierre.Lo poco que nos resta de este acueducto es suficiente como para darnos una idea fiel de la magnificencia y estética en la combinación y tratamiento de materiales constructivos que en él se dispusieron.
Así el primer cuerpo es de sillería a hueso, con almohadillado muy pronunciado en las aristas que provoca un fuerte contraste de claroscuros, formando arcos rebajados sobre pilares rectangulares (a semejanza de una gran puerta monumental). Este dato es fundamental para dar a la conducción una cronología augustea, junto a la de Cornalvo, siendo la de Proserpina algo posterior. El segundo cuerpo de planta cruciforme alterna hiladas de ladrillos y sillares, paramento de jugosos contrastes cromáticos que ocultan el burdo núcleo de mortero. Los pilares del segundo cuerpo soportan arcos de medio punto de ladrillo sobre los que apoya una cornisa de sillería encima de la cual discurría el canal de la conducción hidráulica.
Resulta paradójico que fuera la construcción de una ermita y posteriormente la erección de un nuevo acueducto en el siglo XV los que motivaran la ruina de esta singular obra de ingeniería. El acueducto moderno se conserva casi en su totalidad, achaparrado y macizo (los arquillos que presenta apenas aligeran la monótona masa de la fábrica). Portaba el agua encañada en varias alturas dentro de tuberías de cerámica que terminaron reventando por disminución de su sección causada por el sarro y el consiguiente aumento de presión del caudal.
        Como todas las ruinas existentes en Mérida, sus reflejos, aunque desdibujados y parciales, permiten que la imaginación no divague y se nos presente la realidad de esta Colonia romana
tal y como fue: eminentemente práctica pero sin renunciar en momento alguno a la monumentalidad...que esa y no otra era la manera de hacer patria para los romanos.
José Luis Mosquera Müler. Cronista Oficial de la Ciudad de Mérida. Jefe de Sección de Archivos, Bibliotecas y Documentación de la Consejería de Agricultura y Medio Ambiente



Acceso a la conducción

Acceso y respiradero al fondo

Adrián el pequeño explorador.

Acceso

Foto tomada con la cámara colgada con encuadre  fortuito.

Al fondo la conducción, transversal
 

Conducción de Rabo de Buey

Escaleras de salida.

Acueducto de San Lázaro, salvando el valle del Albarregas.

Ojos del Acueducto

No hay comentarios:

Publicar un comentario